Con el fin de poder argumentar y justificar la propuesta educativa que ofrece la comunidad educativa de nuestro entorno, primeramente vamos a introducirnos en el concepto de Educación Vial, el cual ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. Desde aquella primera definición del Código de la Circulación de 1934, en su art. 7 donde se establecía que: “el profesorado de todas las escuelas y colegios, tanto oficiales como particulares, está obligado a enseñar a sus alumnos las reglas generales de circulación...”, hasta la concepción del proceso educativo, como “la adquisición de actitudes, valores, hábitos y competencias correctas de comportamiento vial, partiendo del principio de que, tanto las actitudes como los valores y hábitos que la sustentan son modificables”, consistiendo pues, la Educación Vial, en un sentido amplio, en la creación y cambio de actitudes y su transferencia a los distintos aprendizajes, en donde se entiende que la educación se desarrolla a lo largo de la vida del individuo.
Con lo que tuvo lugar el inicio en el año 1934, si bien no será hasta la celebración de las Conferencias del Consejo de Europa de París, Viena y Estrasburgo y las sucesivas Conferencias Europeas de Ministros de Transporte (CEMT), cuando se determinen las líneas básicas para su implementación educativa en los diferentes países de la actual Unión Europea. En dichas Conferencias se determinaron también los que serían objetivos generales a conseguir con la Educación Vial de los escolares europeos, y que servirían, posteriormente, para el desarrollo de los diferentes Programas de Seguridad Vial adaptados a la realidad vial de cada país. De esta forma, se centraron en:
- Velar por la seguridad y el comportamiento en las vías públicas, de forma responsable, y teniendo en cuenta a los otros usuarios de la vía.
- Preparar a los futuros conductores de bicicletas, ciclomotores o turismos.
- Conocer y utilizar los medios y los recursos que permitan mejorar la seguridad vial del sistema actual.
- Respetar todas las normas y reglas de circulación, incluso aquellas que no son normas de seguridad vial específicamente.
Siguiendo las directrices de la CEMT, “la Educación Vial debe orientarse hacia los dominios siguientes: por una parte, las materias técnicas y las Ciencias Naturales; la Ética y las Ciencias Sociales y, finalmente, la Educación Física. Los contenidos de esta educación deben estar integrados en los programas de dichas materias, con el fin de que los escolares adquieran la experiencia técnica apropiada, tomen conciencia de su responsabilidad en la vida social y puedan contribuir, de forma activa, a la mejora de las condiciones de la circulación”. (Conferencia de Viena, de 1971, y Conferencia de Estrasburgo, de 1980).
De esta manera, la Educación Vial se convertirá en un medio de formación de la conciencia vial de cada uno de los usuarios de la vía y de los miembros de la propia sociedad. En este sentido, el significado pedagógico de la Educación Vial, versará sobre la necesidad de dirigir el interés educativo hacia una formación de la conciencia vial, como la educación para la responsabilidad, la madurez de juicio y el propio ejercicio de la libertad y del movimiento por las vías públicas.
Por eso, la educación, entendida como la adquisición de aquellos hábitos que favorecen un ajuste del
individuo a su ambiente, tiene que ver con el desarrollo de los hábitos psicomotóricos, imprescindible en las conductas viales. Pero estos hábitos son más complejos que el simple hecho de moverse, ya que implican o suponen la adquisición de otra serie de hábitos, tales como los de observación, de prudencia, de pronta decisión, de anticipación al problema…tan importantes en la edad escolar. Pero el desarrollo de todos ellos, carecería de sentido si el individuo no los adecuara o adaptara a las situaciones reales del tráfico en el que está inmerso y que además no pasaran a formar parte de una conciencia moral autónoma y social. En este sentido, se considera que tiene conciencia vial, el que además de conocer la realidad compleja de la circulación y de las normas y señales que la regulan, se siente unido y comprometido con esa realidad, es decir, se siente en la obligación de colaborar activamente con ella para mejorarla, posee una sensibilidad para conocer y respetar los derechos de los demás y se siente en el deber de respetarlos. Esta misma sensibilidad le llevará a ser prudente y responsable en cualquier circunstancia del tráfico.
De este modo, todas estas consideraciones nos hacen llegar a la conclusión de que, si bien los conocimientos viales y los hábitos de un buen comportamiento vial son importantes y deseables, también lo es la disposición de los usuarios de las vías con el fin de dar una respuesta acertada y válida a todas y cada una de las situaciones con las que se puede encontrar. Nos estamos refiriendo a la importancia de la actitud de los individuos dentro del fenómeno circulatorio como base para el uso adecuado de los espacios y las relaciones con el resto de los usuarios de la vía: actitudes de prudencia, de respeto a las normas y señales, de respeto a uno mismo y a los demás usuarios, de respeto a la ley y a la autoridad que nos recuerda la necesidad de cumplir unas normas, la necesidad de colaborar, la necesidad de la anticipación, la previsión del peligro, la ayuda en carretera, la solidaridad, la tolerancia… actitudes que habrán de iniciarse y reforzarse en el periodo escolar.
Todas estas circunstancias y consideraciones conceptuales sobre el tema, nos pone en disposición de sintetizarlas y poder definir la Educación Vial como:
“el resultado de una acción educativa planificada de forma sistémica, que trata de favorecer el desarrollo de la persona, de la colectividad y del medio ambiente, mediante la adquisición de conocimientos, procedimientos, actitudes y valores que consigan una Movilidad más Segura. LA EDUCACIÓN VIAL SERÁ LA BASE PARA EL LOGRO DE LA SEGURIDAD VIAL” (Manso, V. y Castaño, M., 1995).
Cuando hablamos de acción educativa, nos referimos a actuaciones, con ánimo de efectuar cambios, sobre la persona a nivel de la información, formación y educación vial, donde queden perfectamente entrelazados los conocimientos, las actitudes y los valores viales tendentes al logro de unos comportamientos viales adecuados. Así mismo afrontar esta educación de forma inicial y permanente, implicará fijar niveles de continuidad e interrelación entre familia, la escuela y la propia sociedad. La Educación Vial es “vital” y debe persistir a lo largo de la existencia de las personas, por tanto, el objetivo final de dicha intervención educativa, debe ser la Seguridad Vial, es decir, la ausencia de conflictos viales, pero sin descuidar la adquisición de la plena libertad de movimiento, disfrutando de las ventajas que pueda proporcionarnos el uso adecuado de los vehículos.
Por otra parte, si aceptamos el hecho de que el fenómeno vial entra dentro del marco de lo social, no parece descabellado pensar que la Educación Vial debe ser un objetivo deseable para todos los ciudadanos y no solo para el ámbito escolar, por este motivo consideramos que, la intervención no solamente ha de hacer referencia a los períodos de la educación formal. Por el contrario, ha de suponer los planteamientos unilaterales y parciales de esta educación formal, ha de romper con los espacios controlados donde se educa tradicionalmente, para poder llegar a otros espacios, tales como: la ciudad, la calle, los medios de comunicación, los ámbitos tecnológicos….…, desde una perspectiva de educación formal, no formal e informal, donde la formación se produzca a partir de la incidencia de los diferentes agentes culturales y desde diferentes perspectivas, pudiendo llegar así a todos los ciudadanos, ya que ni la información, ni la instrucción y menos la educación, deben pertenecer a nadie en particular. Debe constituir una posibilidad ofrecida a todos los ciudadanos y a lo largo de toda su existencia.
La Educación Vial, por tanto, entendida como parcela de un contexto más amplio, tal cual es el de la Educación Ciudadana, no será tarea de un solo sector, y se debe ofertar a todos los ciudadanos desde la edad escolar, independientemente de su edad, a nivel formal, no formal e informal, pues el resultado de esa intervención global, permitirá hacer más factible el incremento de los niveles de la Seguridad Vial general.
Además otro dato de interés y muy importante es la protección de los colectivos más vulnerables, en este caso la limitación de los derechos y libertades de los niños. Según el principio 2 de la declaración de los derechos de los niños: “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensando todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente de forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad”, por los motivos expuestos se encuentra entre las prioridades de la nueva Estrategia Española de Seguridad Vial para el próximo decenio, alineándose así con los objetos establecidos por la Comisión Europea en el documento “Hacia un espacio europeo de seguridad vial: orientaciones políticas sobre seguridad vial 2011-2020”. Uno de los objetivos operativos dentro de esta prioridad es “proporcionar entornos y trayectos escolares seguros”, “proteger a los usuarios más vulnerables”, “potenciar la movilidad segura en la zona urbana”, “lograr unas conductas y comportamientos seguros de los usuarios”, “reducir el número de niños fallecidos por no llevar el sistema de retención”, “reducir los accidentes por atropello”, “reducir los accidentes en los que los lesionados y fallecidos son ciclistas”, “reducir un 20% los fallecidos y heridos graves en los usuarios de motocicletas”.
Todas estas premisas buscan justificar la importancia de la educación vial y la necesidad de que esté incluida y bien tratada en el currículo escolar, con la finalidad de poder hacer algo para cambiar estas situaciones, y por eso esta comunidad educativa esta convencida de que con esfuerzo, dedicación e implicación sí se pueden encontrar soluciones a estos problemas, así como utilizar medios apropiados para fomentar una gran educación vial con el uso de todos los medios y materiales a nuestro alcance.
Es de destacar y reseñar en este proyecto una frase que engloba la mentalidad del mismo, “Los niños son esponjas curiosas con ganas de descubrir el mundo. Los adultos decidimos qué mundo les ponemos delante”.
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